A pocos pasos del examen

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El ballet, además de ser una inmejorable apuesta por la forma física, es también una actividad que se distingue entre otras por la permanente búsqueda de la belleza. Pocas actividades aúnan, como la nuestra, tantas virtudes. En pocas disciplinas el rendimiento físico acompaña de manera tan clara al desarrollo emocional, a la mejora de la sensibilidad musical, al incremento del control del propio cuerpo, al aprendizaje del valor del trabajo diario en el que, mientras se disfruta de la clase, a pequeños esfuerzos suceden pequeñas recompensas

Hay ocasiones en que esas pequeñas metas se materializan en forma de exámenes, pruebas o audiciones. Y los exámenes o pruebas son solo eso, pequeñas metas, situaciones a las que se llega tras haber ido superando otras pequeñas metas, tan importantes (o tan poco importantes) como el propio examen. El alumno ante el tribunal tan solo necesita disfrutar de lo anteriormente aprendido. Una prueba no es otra cosa que poner en común lo que ya se conoce. Esta vez la situación es un poquito diferente, hay otras personas observando y valorando, la música nos la ofrece un pianista, pero no es, en esencia, distinto de lo que ya se ha vivido durante nuestro aprendizaje. Al fin y al cabo, y con la ayuda del profesor, en cada clase los bailarines se examinan a sí mismos.

Acudir a examinarse es como ir a cualquier clase, y a clase de ballet se va a disfrutar. Quien elige dedicar su tiempo a la danza lo hace impulsado por una pasión. Es la pasión por el baile la que empuja a superar todas y cada una de las etapas, la que nos lleva a repetir y a repetir hasta que se consigue el paso o la posición perfecta. La pasión, y solo la pasión por el ballet, es la anestesia que adormece el dolor que inevitablemente aparece cuando se trabaja la flexibilidad. La pasión es el combustible que nos lanza hacia el siguiente límite, ayudándonos a superarlo. Y la pasión nos acompaña también a la hora de exponernos a la valoración de otras personas. Un examen es otra clase, una etapa más, como tantas antes superadas, de nuestro aprendizaje.

En Studio de Danza Coppelia nos alegramos al poder decir que, con 30 años de experiencia en la enseñanza, hemos acompañado a cientos de alumnos a la hora de afrontar estas metas. Con un porcentaje de aprobados en los exámenes de ACADE que supera el 98 por ciento, hemos sido testigos de la satisfacción que se experimenta cada vez que se da un paso hacia el siguiente nivel a la vez que se atesora lo ya aprendido. Son avances que vemos de manera más evidente cuando se nos comunica que se ha superado un examen, pero que percibimos cada día, en cada clase, en cada alumno, y esa sensación y no otra es el motor de nuestra propia pasión.

 

Studio de Danza Coppelia, marzo de 2016

Superarse a diario. La historia de la auténtica ‘Ballerina’

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Hemos visto ‘Ballerina’. Como muchísimos cuentos con estructura clásica, la película nos conduce a través de una historia de superación que toma a un personaje sin oportunidades que, sin embargo, acabará alcanzando un éxito que no le estaba reservado. Se trata de una historia que no por haber sido contada cientos de veces nos deja de parecer vigente y convincente si viene rodeada de elementos nuevos y frescos como el escenario, la música o personajes que transmitan autenticidad. Ballerina reúne estas virtudes y, además, es divertida.

 


En Studio de Danza Coppelia aplaudimos todas las iniciativas que den visibilidad a nuestra disciplina. Nunca nos cansaremos de repetir que la danza es una inmejorable compañera para la vida, y es algo que apreciamos tanto en nuestras antiguas alumnas como en el resto de bailarines que durante toda nuestra andadura profesional hemos tenido el placer de conocer. El ballet va siempre con ellos. Les hizo interiorizar valores y sensaciones que aplican a diario. Aprendieron la importancia del esfuerzo y la dedicación para alcanzar sus objetivos, y lo hicieron mientras sus mentes se volvían imaginativas, musicales, disciplinadas y concentradas en tanto que sus cuerpos se desarrollaban saludablemente.

 

 

En nuestra escuela creemos y enseñamos que, en la vida real, las historias de superación se suceden a diario en cada niña, en cada alumno. No existe, como en las películas, una gran prueba final precedida de un resumen musical extra motivador. Existen las recompensas al trabajo diario, los avances imperceptibles, las pequeñas metas a las que siguen nuevas pequeñas metas, los inevitables tropiezos, el aprendizaje de la paciencia, el tiempo aprovechado, la virtud de la constancia y el desarrollo de la voluntad. Aplicando nuestra experiencia docente hemos visto, año tras año, la historia muchas veces repetida de la auténtica ‘Ballerina’.

 

 

En Studio de Danza Coppelia estamos convencidos de que el éxito está en el trabajo en sí, en la satisfacción de haber dado lo mejor de uno mismo, en conseguir la concentración necesaria para detener el tiempo mientras se avanza hacia el siguiente paso. Ponemos todo nuestro empeño en formar bailarinas para el escenario, sí, pero sobre todo y en primer lugar, para la vida.

 

Studio de Danza Coppelia, febrero de 2017

Zapatillas de punta: ¿un buen regalo de Navidad?

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Cuando toca pensar en los regalos de Navidad para una bailarina, es tentador pensar en las zapatillas de punta. Al fin y al cabo, toda estudiante de danza clásica sueña con el momento en el que, por fin, baile sobre unas puntas en un escenario. Regalar unas zapatillas de punta puede parecer el paso lógico para sumarnos al sueño de nuestras hijas.

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Basta escribir en Googlezapatillas de punta de ballet” y aparecen innumerables entradas sobre cómo o dónde comprarlas, cuáles son las más adecuadas, cómo escogerlas o cuidarlas, algo de historia… Y aunque las hay, no demasiadas páginas recogen cuál es el momento en el que es conveniente comenzar con las puntas y éstas se encuentran haciendo una búsqueda más específica. Lo primero que debemos decir es que hay que DESCONFIAR DE PROFESORES QUE UTILIZAN CRITERIOS GENERALES PARA INICIAR A SUS ALUMNAS EN EL USO DE LAS PUNTAS. Las respuestas del tipo “cuando cumplan 12 años” 0 “en el cuarto año de estudios” son imprudentes e insensatas, e indican un desconocimiento irresponsable de la metodología de enseñanza de la danza.

Queremos, en este caso, ser muy rotundos. El momento de las puntas llega en momentos distintos según sea el grado de madurez física y formativa de cada niña. Para un conocimiento pormenorizado podéis pinchar AQUÍ, en este documento que nos parece impagable. Todo profesor de danza debería tener presente las condiciones de CADA alumna a la hora de iniciarla en el aprendizaje de las puntas. Quien se deje llevar por criterios amplios sin tener en cuenta las características de cada niña estará haciendo un flaco favor a quien desea ser bailarina y, lo que es peor, puede causarle lesiones en articulaciones, espalda, torso…

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Es muy importante también tener presente la madurez emocional e intelectual de la alumna, y por tanto su receptividad a la hora de recibir instrucciones o indicaciones y, fundamentalmente, su actitud al ser corregida. Una vez calzadas las puntas, para una alumna aún no preparada puede resultar cautivadora la idea de intentar piruetas para las que puede no estar lista todavía, incrementando riesgos. La niña que se sube a unas puntas debe ser una niña que reconozca y solicite la autoridad y la supervisión del profesor.

Llegados a este punto, la respuesta a la pregunta que encabeza este artículo parece lógica: Sí y No.

, las puntas son un extraordinario regalo para una aprendiz de bailarina siempre y cuando haya alcanzado la madurez física y emocional necesaria, y éste es un criterio que establece el profesor.

NO, las puntas son un regalo inadecuado para la niña si aún no ha llegado su momento.

En Studio de Danza Coppelia nos afanamos por aclarar todas estas dudas, y nuestros profesores están a disposición de todo el que quiera consultarlas personalmente. Entendemos que cada alumna tiene su proceso de crecimiento individual y las ayudamos a ir superando etapas al ritmo que cada una requiere, insistiendo siempre en que, al margen del momento en el que llegue, la consecución de los sueños es el resultado de la suma de trabajo, disciplina, determinación y pasión por la danza.

Studio de Danza Coppelia, noviembre de 2016.

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¡Hasta el moño!. Ser bailarina de los pies a la cabeza.

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Para sentirse bailarina de los pies a la cabeza es importante la actitud, y la actitud se adquiere de muy diferentes maneras. Se dice mucho, y con razón, que la mujer del César no solamente tiene que serlo, sino que además tiene que parecerlo. También es verdad que existe el refrán contrario (el hábito no hace al monje), pero en el caso que nos ocupa el ´hábito´nos ayuda a interiorizar la actitud. La bailarina debe sentirse bailarina desde fuera hacia adentro y al revés, de dentro a afuera. Aquello de lo que nos rodeamos, la forma en que nos vestimos, nos ayuda a meternos en la piel de la bailarina que deseamos ser. Hoy nos detendremos en el peinado.

 

 

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Aquellos que sois alumnos o padres de alumnos de nuestros centros habéis tenido la ocasión de comprobar lo insistentes que llegamos a ser con las formas a la hora de entrar a bailar a nuestras salas. Nosotros, como docentes, entendemos que la pulcritud en el peinado, así como en el resto de indumentaria y complementos, son una señal de respeto que enviamos a nuestros compañeros y, sobre todo, a la disciplina que practicamos. Con ese respeto como base, es fácil introducirse en el ritual que, inevitablemente, conlleva una clase de ballet y, de ese modo, sentir que formamos parte de la magia de la danza.

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Internet y las diferentes redes sociales están atiborrados de artículos y tutoriales acerca de cómo hacer el moño perfecto. Os hemos seleccionado algunos que creemos útiles. Para empezar, aparte de una bailarina despeinada con suficiente paciencia, necesitaremos horquillas, redecilla, goma, peine o cepillo, un poquito de laca para rematar bien la faena y, sí, algo de habilidad.

Para muchos de vosotros es algo cotidiano tratar con el pelo de vuestras hijas… Para otros, no tanto… ¡y para eso está la inventiva!. El amor de nuestras hijas por el ballet ha llevado a mucho padres a tomar atajos en busca de resultados más o menos aceptables. No es que lo consideremos el mejor camino hacia el moño perfecto pero no podemos negar que nos hacen reír.

 

Hemos explicado la razón por la que consideramos muy importante que nuestras alumnas lleven en clase el pelo recogido en un moño correctamente terminado. En nuestros centros estaremos encantados de aconsejaros sobre ésta y otras cuestiones. ¡Preguntadnos, estamos para ayudar!.

Studio de Danza Coppelia, noviembre 2016.

La cámara se pone a bailar. El cine y la danza.

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En 1968 Stanley Kubrick firmaba una asombrosa y elegante pieza de ballet en la que no participaba ningún bailarín. Tras la mayor elipsis de la historia del cine (desde el amanecer de la conciencia hasta la era de los viajes espaciales) el espectador asistía atónito a una coreografía en la que el escenario era la órbita terrestre y planetas, satélites y naves espaciales hacían las veces de protagonistas danzantes al son de El Danubio Azul, de Johann Strauss.

La obra, naturalmente, era ‘2001: un odisea del espacio’, y en ella Kubrick puso toda su inteligencia creativa para, como el explorador que vive en cada gran artista, intentar dar un paso hacia una forma nueva de expresar lo ya tantas veces contado.

Cada una de las artes ha recorrido el camino de la exploración de la mano de sus principales representantes. El cine, aunque se nutre de técnicas narrativas anteriores, tuvo que inventar su propio lenguaje y al crecer, integrar el idioma que hablaban otras artes para hacerlo llegar al público de forma inteligible y coherente.

Como arte recién nacido, el cine emitía sus primeros balbuceos cuando se acercó a la danza. Entre 1903 y 1905 George Méliès realizó una serie de películas en las que mostraba danzas y bailes con la dificultad añadida de que quedaban años para incorporar música a las imágenes mostradas: el cine aún era mudo. El director debía contar con que la proyección se completara con música en directo en los lugares en los que se exhibían sus películas. El cine, lejos todavía de convertirse en un espectáculo de masas, luchaba por desprenderse de la etiqueta de curiosidad tecnológica (sus propios inventores, los hermanos Lumière, pensaban que era un invento sin futuro) e intentaba encontrar su hueco entre las demás formas de expresión. Danza y cine, artes ambas del movimiento, estaban condenados a entenderse.

Al principio, la cámara se situaba frente a la escena, como un espectador más, y ofrecía un punto de vista neutro, limitándose a levantar acta de lo que sucedía frente al objetivo. Sin embargo, el propio Méliès descubrió accidentalmente algunas técnicas que usó como efectos especiales, trucajes de cámara que contribuyeron a desarrollar una gramática cinematográfica. Podemos ver un ejemplo en el minuto 1:00 del anterior vídeo. A partir de ese momento, la cámara dejó de ser neutral y el director sumó su punto de vista. Tal y como dijo el coreógrafo Jean-Claude Gallotta, “el cine hace posible una coreografía del acercamiento”.

Así que la cámara se pone a bailar. Entra y sale de escena, nos muestra detalles, primerísimos primeros planos, ángulos antes impensables. El cine se adapta a la danza y la danza al cine. Los coreógrafos comienzan a bailar para la cámara y se crea un nuevo lenguaje visual y narrativo. El cine se convierte en el entretenimiento por excelencia y el baile encuentra una forma de llegar a todos los públicos.

Probablemente la película que mejor aprovecha estos avances sea ‘Las Zapatillas Rojas (The Red Shoes, 1948). Enormemente popular en su momento y todavía hoy entre las películas favoritas de directores como Martin Scorsese, la obra es el perfecto ejemplo de integración de diferentes disciplinas: un ballet basado en un cuento que se convierte en película. Las Zapatillas Rojas es un prodigio de montaje, escenografía, iluminación, efectos especiales…

Como evolución natural, se llega a la creación de un género. El musical trae consigo la edad dorada de la danza en la gran pantalla. ‘Levando Anclas‘ (Anchors Awaig, 1945), ‘Cantando bajo la lluvia‘ (Singin´in the rain, 1952) o ‘Siete novias para siete hermanos‘ (Seven brides for seven brothers, 1952) son grandes éxitos que no existirían de no ser por la danza.

 

Los bailarines se convierten en actores. El género evoluciona y llega a su cumbre con ‘West Side Story‘ (1961), obra de gran éxito que lleva a las calles de Nueva York la eterna historia de amor imposible de Romeo y Julieta. La película obtuvo 10 Óscars. La obra de Shakespeare se había convertido en 1957 en un musical de Broadway de la mano del coreógrafo Jerome Robbins y el músico Leonard Bernstein, ambos en busca del espectáculo total. Esta mezcla de representación teatral, ballet, danza contemporánea, canto y música tardó en ser aceptada en los escenarios y cuatro años después se había convertido en una grandísima obra cinematográfica.

Al llegar los años 70, el cine comenzó a hablar de los bailarines. Hasta entonces el baile había sido un vehículo para contar la historia. Ahora, el cine hablaba de los que hacían posible el espectáculo. ‘All that jazz‘ (1979) es una cinta de carácter autobiográfico realizada por el coreógrafo y bailarín Bob Fosse.

Mijaíl Barýshnikov, en su tiempo considerado como el mejor bailarín de ballet del mundo, llegó a ser nominado al Óscar al mejor actor secundario por su primer papel en el cine, en la película ‘Paso Decisivo‘ (The turning point, 1977).  Barýshnikov, nacido en Letonia, pidió asilo político en Canadá en 1974. Once años después, en 1985, protagonizó ‘Noches de sol‘ (White nights), un film en el que da vida a un bailarín soviético que deserta en Estados Unidos. En las escenas de baile de la película podemos observar cómo la cámara realiza movimientos casi imperceptibles para no perder detalle de los pasos, convirtiéndose de hecho en un bailarín más sobre el escenario.

Con mejor o peor resultado, con aspiraciones artísticas o meramente comerciales, el cine se ha seguido acercándo a la danza… ‘Fama‘, ‘Flashdance‘, ‘Billy Elliot‘… son títulos que permanecen en la mente de los aficionados de ambas disciplinas.

Las nuevas tecnologías digitales han hecho posible nuevas formas de relación entre el séptimo arte y el ballet. Millones de espectadores de todo el mundo pueden ahora asistir en directo a representaciones en el Royal Opera House o en otros grandes teatros con tan solo asistir a su sala  más cercana, convirtiendo la rutina de ir al cine en una experiencia completamente nueva. Del mismo modo, se desarrollan técnicas de captación de la imagen que facilitan que sea el propio espectador el que elija el punto de vista.

El lenguaje de la imagen en movimiento no ha terminado de desarrollarse. Cada nuevo paso tecnológico abre un abanico de posibilidades expresivas, posibilidades de las que, sin duda, se aprovecharán los realizadores y coreógrafos para ofrecernos la danza desde perspectivas nunca vistas hasta ahora.

 

Studio de Danza Coppelia, octubre de 2016.

 

 

Bailar con la fama. Los famosos toman clases de ballet.

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No es un secreto. En su permanente búsqueda de la excelencia profesional, muchos famosos que hacen de su cuerpo su herramienta de trabajo han acudido a la formación en danza clásica para obtener de ella los innegables beneficios que aporta: disciplina, propiocepción, concentración, mejora del aspecto físico, elasticidad, equilibrio, tonificación muscular… Actores y actrices, modelos o deportistas encuentran en el ballet un fabuloso recurso para mejorar en el ejercicio de sus profesiones, mejorando sus aptitudes y competencias tanto en sus trabajos como en sus vidas.

Aunque pueda parecerlo, no se trata de una moda. La danza clásica forma parte del curriculum de actores y actrices míticos, muchos de los cuales venían ya de una formación en ballet. Otros, en cambio, recurrieron al baile para perfeccionar sus carreras una vez empezadas.

Puede que el ejemplo de Audrey Hepburn sea el más conocido. Considerada una de las actrices más elegantes de la historia del cine, estudió ballet en los años 40 en Amsterdam y Londres y trabajó como corista en musicales antes de despuntar como la gran estrella que llegó a ser.

Antes de Audrey Hepburn, Cyd Charisse, nacida en 1922 y que formó parte del elenco de los más conocidos musicales de Hollywood, inició su formación como bailarina e incluso ingresó en el Ballet Ruso de Sergei Diaghilev. Aquí la vemos junto a Gene Kelly en ‘Cantando bajo la lluvia’.

 

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James Dean recibiendo clases de ballet

 

Actores y actrices actuales continúan la tradición de sus antecesores. Charlize Theron, también modelo, se veía a sí misma de joven como bailarina. Comenzó su formación en ballet clásico en Johannesburgo, y continuó tomando clases ya siendo modelo profesional en la Joffrey Ballet School, de Nueva York.

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Hasta el mismísimo Batman ha aprendido ballet. Se dice que Christian Bale, que encarnó al hombre murciélago en la trilogía de ‘El caballero oscuro’, llegó a tener una oferta para integrarse en la Royal Ballet School de Londres. Su formación como bailarín le valió de mucho para interpretar las escenas de una de sus primeras películas, ‘Newsies’.

Antes de ser Terminator, Arnold Schwarzenneger también se rindió al ballet. Por entonces aún competía en culturismo, y la danza le ayudó a tener una mejor concepción de movimiento, tiempo y espacio.


La lista de ejemplos es casi inacabable. Amy Adams (‘Encantada’, ‘La gran estafa’, ‘Atrápame si puedes’, ‘El hombre de acero’), ganadora de dos Globos de Oro y nominada al Óscar en 5 ocasiones, quería ser bailarina de pequeña y tomó clases durante años. Esta sesión de fotos para Vogue, en la que participa con el director Tim Burton, pone su sueño en imágenes.

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Zoe Saldana (‘Avatar’, ‘Star Trek’, ‘Guardianes de la Galaxia’) consiguió su primer papel en la gran pantalla (‘Center Stage’, 2000) gracias a su formación en danza iniciada en República Dominicana.

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Y aún continúan persiguiendo sueños. Naomi Campbell comenzó a estudiar ballet a los tres años y a los diez fue aceptada en la Academia Italia Conti de Londres. Con quince años interrumpió su carrera de bailarina para convertirse en una de las modelos más famosas de todos los tiempos. No obstante, no hace mucho pudo hacer realidad su aspiración de sentirse bailarina gracias a un conocidísimo programa de televisión. Os recomendamos que pinchéis en el siguiente enlace. Merece la pena:

http://www.oprah.com/oprahshow/naomi-campbell-is-ballerina-for-a-day-video

Todos ellos, y muchos más, han trabajado duro para conseguir el éxito. El ballet les ha acompañado como parte de ese esfuerzo y como causa de su recompensa, y han sabido aprovechar las grandes ventajas que la danza ofrece a los que se acercan a ella.

Studio de Danza Coppelia, octubre de 2016.

“El ballet es un arte, pero también es uno de los deportes más difíciles. Si puedes sobrevivir a un entrenamiento de ballet, puedes sobrevivir a un entrenamiento de cualquier deporte”.

Jean Claude Van Damme.

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Studio de Danza Coppelia cumple hoy 30 años

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Studio de Danza Coppelia cumple hoy 30 años. El 27 de septiembre de 1986 abríamos las puertas de nuestra primer centro en Los Chopos , en Córdoba, sin imaginar siquiera la aventura en la que nos estábamos embarcando. De aquel día recordamos más las emociones que los hechos… la incertidumbre, la ilusión, la responsabilidad, algún miedo que otro… Emociones que han sido compañeras de viaje durante todos estos años y que han servido de combustible, junto a nuestro amor por la danza, para mantener viva nuestra determinación de enseñar, difundir y dar a conocer las excelencias de nuestra disciplina.

 

Empezamos con una convicción que el tiempo no ha hecho otra cosa que reforzar: la danza es una inmejorable compañera para la vida. Nos muestra que del trabajo bien hecho se obtienen recompensas, nos otorga equilibrio físico y mental, nos educa para instalar y apreciar la disciplina en nuestra rutina, nos inicia en un bonito camino de nuevas y grandes amistades, estimula la creatividad

 

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Hemos puesto nuestro conocimiento y nuestra experiencia al servicio de la enseñanza de las diferentes variedades de la danza, para lo cual hemos afrontado cada curso como si fuera el primero, mejorando permanentemente nuestra formación y aprendiendo de todas y cada uno de las personas que nos han acompañado en este recorrido. Han sido miles de alumnos,  muchos de los cuales aún nos acompañan de diferentes maneras: alumnas que se convirtieron en profesoras, que nos trajeron a sus hijos a bailar, que todavía comparten con nosotros vídeos, fotos, llamadas, mensajes… Nos enorgullece esta amistad y nos entusiasma haber conseguido transmitir el amor por la danza a tantas generaciones de bailarines.

 

El capítulo de agradecimientos es siempre complicado. Se corre el riesgo de no nombrar a quien sin duda merece estar en el elenco de los que pusieron alma, corazón, profesionalidad y tiempo en ayudarnos a avanzar, a quienes nos señalaron nuevos caminos, a quienes nos corrigieron. Es gratificante saber que no estuvimos solos y no podemos dejar de nombrar a Paco de la Cruz, Mª José Porcel, Teresa Vázquez, María Seoane, Mª Luisa Prados, María Camino, Marta Prados, María Martínez, Marta Muñoz, Lorena Domínguez, Valentina Letova, Carlos Valcárcel, Susana García, Carolina Armenta… y sobre todo, a Auxi Vargas, quien nos acompañó desde el principio de esta gran aventura y fue amiga, socia y confidente de un proyecto que no habría sido posible sin ella.

 

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Han pasado 30 años. En 1986, el cometa Halley nos visitó en su eterno baile alrededor del Sol. También en 1986 nacía Rafa Nadal, Reinhold Messner se convertía en la primera persona en coronar los 14 “ochomiles” de la Tierra, Butragueño marcaba 4 goles a Dinamarca, España ingresaba en la Unión Europea y se inauguraba el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía en Madrid.

 

Durante todos estos años hemos seguido creciendo. En 1996 inauguramos nuestro segundo centro en Córdoba y en 2011 llegamos a Tomares, en Sevilla, donde de nuevo tuvimos el privilegio de experimentar el vértigo de los comienzos.

 

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Hoy, con los tres centros de Studio de Danza Coppelia a pleno rendimiento, seguimos poniendo el contador a cero cada vez que un nuevo alumno llega a nuestra escuela. Cuando enseñamos a colocarse en primera posición, cuando alguien consigue hacer y nos muestra con orgullo su primer plié, imaginamos un nuevo camino por recorrer, cientos de pasos por aprender, miles de melodías que bailar y, como  cada día, volvemos a empezar.

 

Studio de Danza Coppelia, 27 de septiembre de 2016.

Festival de Sevilla de Studio de Danza Coppelia 2016

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El pasado 26 de junio de 2016 celebramos el Festival de Sevilla de Studio de Danza Coppelia. 90 alumnas y alumnos de nuestro centro de Tomares disfrutaron sobre las tablas del Teatro Central de Sevilla de un punto y final al curso lleno de ilusión y pasión por la danza.

Aquí tenéis el resumen del Festival.

Mañana abrimos nuestras puertas para comenzar el curso 16/17, ¡os esperamos!.

Córdoba Centro 1

  • +34 617 319 293
  • C/ Platero Bernabé de los Reyes 4. 14006 CÓRDOBA


Córdoba Centro 2

  • +34 617 319 293
  • C/ Manuel Calero "Calerito" 4. 14005 CÓRDOBA


Tomares Centro 3

  • +34 617 319 293
  • C/ Navarro Caro, 93. 41940 Tomares (SEVILLA)